- China redobla su apuesta por la inteligencia artificial y los semiconductores mientras las valoraciones siguen cotizando con un importante descuento frente a Estados Unidos, aumentando el atractivo del mercado para los inversores internacionales.
- La moderación del crecimiento económico incrementa la probabilidad de nuevos estímulos por parte de Pekín. El apoyo fiscal, la fortaleza de las exportaciones y una inversión cercana a los 296.000 millones de dólares en inteligencia artificial podrían impulsar un nuevo ciclo de reflación y crecimiento.
- China redobla su apuesta por la inteligencia artificial y los semiconductores mientras las valoraciones siguen cotizando con un importante descuento frente a Estados Unidos, aumentando el atractivo del mercado para los inversores internacionales.
- La moderación del crecimiento económico incrementa la probabilidad de nuevos estímulos por parte de Pekín. El apoyo fiscal, la fortaleza de las exportaciones y una inversión cercana a los 296.000 millones de dólares en inteligencia artificial podrían impulsar un nuevo ciclo de reflación y crecimiento.
Durante los últimos años, China ha permanecido prácticamente fuera del radar de muchos inversores internacionales. La crisis del sector inmobiliario, el debilitamiento del consumo, las tensiones comerciales con Estados Unidos y las estrictas regulaciones sobre las grandes compañías tecnológicas provocaron una importante salida de capital y un fuerte descuento en las valoraciones bursátiles.
Sin embargo, el panorama podría estar comenzando a cambiar. El Gobierno chino ha intensificado en los últimos meses su respaldo al desarrollo de la inteligencia artificial y de la industria nacional de semiconductores, dos sectores considerados estratégicos para competir con Estados Unidos en la próxima década. El objetivo ya no es únicamente reducir la dependencia tecnológica del exterior, sino crear auténticos campeones nacionales capaces de liderar la innovación y atraer inversión.
El reciente lanzamiento del modelo Kimi K3, desarrollado por Moonshot AI, vuelve a demostrar que las empresas chinas continúan acortando distancias con los grandes desarrolladores estadounidenses. Además, la elevada demanda registrada tras su lanzamiento, hasta el punto de obligar a suspender temporalmente nuevas suscripciones, refleja que la adopción de la inteligencia artificial continúa acelerándose tanto dentro como fuera del país. ¿Es el momento de volver a invertir en China?
Las valoraciones podrían volver a situar a China en el radar de los inversores
Más allá de los avances tecnológicos, el principal atractivo para los mercados podría encontrarse en las valoraciones. Mientras muchas compañías estadounidenses ligadas a la inteligencia artificial cotizan en máximos históricos y con múltiplos muy exigentes, buena parte del mercado de China sigue negociándose con descuentos relevantes respecto a su media histórica y frente a otros mercados desarrollados.
A ello se suma el creciente respaldo institucional. Pekín ha incrementado las compras a través de entidades estatales, ha favorecido la entrada de capital hacia empresas tecnológicas y continúa impulsando políticas destinadas a fortalecer la financiación de sectores considerados estratégicos. Todo ello busca devolver la confianza a los inversores y facilitar que las compañías dispongan de los recursos necesarios para competir a nivel global.
Si esta estrategia consigue consolidarse y las tensiones geopolíticas no vuelven a intensificarse, China podría convertirse en uno de los mercados con mayor potencial para beneficiarse de la siguiente fase del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Muchos inversores comienzan a plantearse si, después de varios años de castigo bursátil, el gigante asiático puede volver a ocupar un lugar destacado en las carteras internacionales, especialmente en un momento en el que las valoraciones estadounidenses dejan cada vez menos margen para las sorpresas positivas.
El crecimiento de China pierde fuerza, pero aumenta la probabilidad de nuevos estímulos
Más allá de la inteligencia artificial, los últimos datos macroeconómicos apuntan a que China podría estar acercándose a un nuevo ciclo de estímulos. El crecimiento del PIB volvió a moderarse ligeramente y se situó por debajo de algunas de las previsiones del mercado, reflejando que la recuperación continúa siendo desigual y que el consumo interno todavía no termina de consolidarse.
Sin embargo, lejos de interpretarse como una mala noticia para los mercados, esta desaceleración aumenta la presión sobre las autoridades para intensificar las medidas de apoyo a la economía. Pekín ha reiterado en numerosas ocasiones su compromiso con el objetivo de crecimiento para este año, lo que deja la puerta abierta a nuevos estímulos fiscales, un mayor apoyo al crédito y nuevas inversiones públicas destinadas a reactivar la actividad.
Uno de los pilares de esta estrategia está siendo la apuesta por sectores considerados estratégicos. Solo este año, las grandes compañías tecnológicas prevén destinar cerca de 296.000 millones de dólares a inversiones relacionadas con la inteligencia artificial, reforzando el desarrollo de centros de datos, chips y capacidad de computación. Paralelamente, las exportaciones continúan mostrando una notable fortaleza, compensando parte de la debilidad del consumo interno y consolidando a China como uno de los principales motores de la producción industrial mundial.
Si a ello se suma un entorno de mayor liquidez y nuevos estímulos, el mercado podría comenzar a descontar un escenario de reflación, caracterizado por una recuperación gradual del crecimiento, una mejora de los beneficios empresariales y un renovado apetito por los activos de riesgo. Precisamente este cambio de narrativa es el que empieza a despertar el interés de numerosos inversores internacionales, que vuelven a mirar hacia China después de varios años de fuertes salidas de capital.
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